Siempre he soñado con ser un pez, porque dicen, que los peces no tienen memoria, y no pueden acordarse de nada. Y si no te acuerdas de nada, puedes levantarte cada día y vivirlo todo como si fuera la primera vez. La primera canción, la primera vez que le viste, el primer beso.  La primera vez que moriste al hacerle el amor. Porque hay ciertos momentos mágicos, como cuando esa persona te toca, y sientes que te estorba hasta la piel, que sales de ti, que tu alma pide a gritos salir corriendo… Esa sensación de plenitud infinita, al hacer el amor con alguien hasta el punto, de sentir que ya no existes. Ese instante, en el que podrías morir, porque sabes, con toda certeza, que jamás en la vida volverás a sentir nada igual… Me gusta saber que hay cosas refugiadas contra el olvido, cosas por las que no pasa el tiempo. Como esos mosquitos atrapados en ámbar, durante millones de años. El mundo sigue adelante, pero ellos se quedan allí atrapados para siempre. Como las fotos guardadas en una caja de zapatos debajo de la cama, como esos secretos que no puedes contar jamás. El recuerdo, es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. 

Hay dos desgracias en la vida de todo ser humano. La primera, es no tener a quién amar con todo el alma. Y la segunda, perderle.

El universo, conspira a favor de los que mueven el mundo. Y esos, son los que lo paran… 


Hay quien piensa que ser romántico es recitar poesía, cenar a la luz de las velas y pasear bajo la luz de las estrellas. Pero eso, no tiene nada que ver con el romanticismo. Ni siquiera con el amor. El verdadero romanticismo, consiste en ser incoherente con todos nuestros principios, romperlos y traicionarlos de cabo a rabo. Ni flores, ni velas, ni luz de luna. Ese es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, y te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz. Que arrase de un plumazo con todos tus valores, tus “yo nunca”, tus “¿yo? qué va”.  Volverte loco, mudar de piel.  Morir por alguien, arriesgarte. Enamorarte. Sentir que te estorba la piel. Y si no sientes eso, entonces, puede ser cualquier cosa, pero no es romántico. 

Hay personas que entran en tu vida, y lo cambian todo. Personas por las que vale la pena parar, respirar, y valorar. Valorar lo que realmente importan. Los detalles, las pequeñas cosas. Cosas, como el agua del mar. Las nubes. Una mirada de esas que, lo dicen todo. Unos ojos como los tuyos. El modo en que me sonríes, ese abrazo infinito. Los huracanes en el estómago, tus manos, despertar a tu lado.  Esos detalles que, hacen de una forma u otra que todo tenga sentido. Incluso lo que hasta el momento de conocerte, creí que no importaba. Son esas pequeñas cosas, las que lo cambian todo. Las que provocan, que haga las maletas y salga corriendo, sin importarme dónde. Siempre y cuando, el destino seas tú. 

Tú, de esas personas que aparecen, y lo cambian todo. Y hacen, que ya nada importe. Y a la vez, que todo empiece a importar. 



Las dudas golpeaban con furia en las puertas de mi cabeza, rompían todas las campanas juntas, y nadie le besaba en la boca a la certeza. Pasarlo mal es la antesala de alguna cosa. Lo malo es que no se suele saber de qué, y la vida se convierte en sala de espera, en un ring de boxeo con dos contendientes: tú y el porvenir.

Y siempre gana nadie.

Ahora me pregunto qué hice mal, para pasar por ello; qué hice bien para pasar por esto ahora. Para tenerte aquí, rellenando los rincones olvidados y diciéndome: “he pensando tanto en ti, mira por debajo de la mesa, hoy no llevo nada´´.

¿Y si en lugar de quererme tanto, aprendemos a querernos bien? Nunca me gustaron demasiado los abrazos rutinarios, el sexo cansado sin amor, los caminos andados. Así que por favor, te lo pido por favor, alguna vez haz como que me quieres, sólo por un rato y ya verás lo mucho que yo te vuelvo a querer.

Y es sólo eso, que a veces pienso que la vida funciona así, que se acabaron los juegos románticos de manos, las tiernas miradas. 

Y me gustaría que no fuera del todo cierto…

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finofilipino:

      

Venid a mí… inocentes criaturas, acercaros a mi lecho de fuego ténue, y probad la gloria de la lujuria. Sé que suena precipitado, pero no, no estoy delirando y es que, con un único gesto ya lo tenía todo calculado. Deliro. ¿Sigo estando lanzada? bien, podéis pensarlo, no lo niego pero, no lo puedo evitar. Todo en tí me incita a enloquecer, y es que sí, desgraciadamente o no, es algo irrefrenable en mí.

Es en esta noche tan enigmática como sombría cuando, una vez más,el depredador se prepara, viste sus mejores galas y finalmente se disfraza como una falsa presa, dispuesta a atacar ante cualquier causa o efecto. Un animal sediento de la sinrazón y el desenfreno, de lo carnal y lo mundano, del anhelo y el frenesí.

Carantoña, caricia, contacto.
Acometida, choque, embate.
Convulsión, espasmo, clímax.
¿Soy yo el único que cierra el cajón de los cubiertos con un meneo sexy de cadera?

La vida nunca sale como la habías planeado.

Solo los tontos podían escapar de la simple verdad de que ahora no es solo ahora, es un frío recordatorio de que ha pasado un día desde ayer, un año desde el año pasado, y de que tarde o temprano llegará.

Tú quieres un hombre que te acompañe hasta la playa, tapándote los ojos con la mano solo para que puedas descubrir la sensación de la arena bajo tus pies, un hombre que te despierte al amanecer ansioso por hablar contigo, y que se muera de ganas por saber qué dirás.

Como decían en una de mis películas, esta es tu vida y se acaba a cada minuto. No se nos conoce por nuestro nombre sino por nuestras acciones.

Cualquier cosa que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas porque nadie más lo hará. Como cuando alguien entra en tu vida y una parte de ti dice: no estás mínimamente preparada para esto. Pero la otra te dice: hazlo tuyo para siempre.

¿Me arrastro a casa a un apartamento frío, con el frigorífico vacío o viajo a través de las calles buscando algo que lo cambie todo? Decisiones, decisiones. No perderé ni un segundo más preguntándome cómo puedo tener tan mala suerte.

Hoy llegué a una conclusión bastante simple. El hombre perfecto es el que pudiendo estar en cualquier parte del mundo prefiere estar contigo.

Art.

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